En 1920, Betsabé Espinal tenía veintitrés años y trabajaba en la Fábrica de Tejidos de Bello. Ese año organizó y lideró la primera huelga de mujeres en Colombia: más de cuatrocientas obreras se negaron a entrar a trabajar hasta que sus condiciones laborales fueran reconocidas. Ganaron. Su historia, y la de las obreras textiles de Medellín, vive en el archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto.
El Bojagi es una técnica textil tradicional de Corea: una tela construida a partir de retazos de distintos colores y tamaños cosidos entre sí. No hay un patrón único — cada fragmento trae su propia textura, su propio tono, su propio origen — y sin embargo todos juntos forman una superficie coherente y hermosa. El Bojagi no oculta las costuras: las celebra.
En este taller esas dos tradiciones se encuentran. Los participantes conocen la historia de Betsabé y las obreras textiles, eligen una palabra que les convoca y la bordan en un retazo de tela. Al reunirse, los retazos forman el Bojagi colectivo de la Fiesta: una gran obra hecha de memorias individuales cosidas en comunidad.
Los tres momentos
Leer el archivo de las obreras
Los participantes observan fotografías y documentos del archivo de la Biblioteca Pública Piloto que muestran la vida cotidiana de las obreras textiles de Medellín a principios del siglo XX: los telares, los turnos de trabajo, los uniformes, los rostros de mujeres jóvenes que pasaban diez, doce horas frente a las máquinas.
Conocen la historia de Betsabé Espinal y la huelga de 1920: cómo se organizaron, qué exigieron, qué lograron. A través de la lectura de imágenes y una conversación abierta, el grupo reflexiona sobre las historias, las luchas y las memorias que habitan esos archivos — y sobre las palabras que esas imágenes les despiertan hoy.
Bordar una palabra propia
Cada participante elige una palabra que surja de lo que vio y escuchó: memoria, dignidad, trabajo, fuerza, cuidado, resistencia, comunidad, tejido, manos, voz. No hay una lista obligatoria — la palabra puede ser cualquiera que la historia haya convocado.
El facilitador enseña en el momento las puntadas básicas necesarias: no se necesita experiencia previa. Con retazos de tela de colores e hilos, cada persona borda su palabra y puede acompañarla con una frase corta, un nombre, una fecha o un símbolo que complete el retazo.
El proceso es lento y deliberado — como coser siempre ha sido. Esa lentitud es parte del taller: bordar obliga a quedarse con una idea, a traerla con las manos, a dejar que el tiempo la vuelva materia.
Tejer el Bojagi colectivo
Las piezas individuales se unen para construir el Bojagi colectivo de la Fiesta. Como en la tradición textil coreana, cada retazo conserva su particularidad — su color, su palabra, su puntada — y al mismo tiempo forma parte de una superficie mayor que no podría existir sin cada uno de los fragmentos.
Cada participante lee en voz alta la palabra que bordó y dice brevemente por qué la eligió. La suma de esas voces es también parte del tejido: un Bojagi de palabras y de historias que se construye en comunidad.
El Bojagi permanece en exposición durante los diez días de la Fiesta y crece con cada nueva sesión. Al final de la Fiesta habrá absorbido las memorias de decenas de personas distintas — una obra que nadie habría podido hacer sola.
¿Qué se llevan?
La experiencia de haber bordado una palabra propia en una obra que es de todos. El Bojagi permanece en exposición durante la 20.ª Fiesta del Libro y la Cultura y crece con cada nueva sesión.
Cada participante se lleva algo que no cabe en el bolsillo: la memoria de haber elegido una palabra con cuidado, de haberla traído con las manos a la tela, de haberla dicho en voz alta frente a otros. El retazo es individual pero el Bojagi es de todos — y esa tensión, entre lo propio y lo común, es precisamente lo que el taller celebra.
El Bojagi colectivo crece sesión a sesión durante los diez días de la Fiesta. Al final habrá absorbido las palabras y memorias de decenas de personas distintas — adultos, jóvenes, visitantes de la ciudad y de otros lugares — una obra que no habría podido hacer ninguna persona sola.
¿Qué es un Bojagi?
El Bojagi (보자기) es una tela coreana tradicional confeccionada a partir de retazos de distintas telas, colores y texturas cosidos entre sí. Se usaba para envolver y transportar objetos en ocasiones cotidianas y ceremoniales. A diferencia de otras tradiciones textiles, el Bojagi no oculta las costuras — las convierte en parte del diseño. Cada fragmento conserva su identidad; juntos forman una superficie nueva que ninguno podría ser por sí solo.
Accesibilidad
Sin experiencia previa de bordado
No se requiere ningún conocimiento previo. El facilitador enseña tres puntadas básicas al inicio del taller. Lo que importa es la palabra, no la perfección del hilo.
Materiales adaptados
Los materiales se adaptan para personas con movilidad reducida en las manos: agujas con ojo grande, hilos gruesos, retazos de distintos tamaños. La palabra también puede escribirse o comunicarse verbalmente.
Apto para adultos de todas las edades
Diseñado para adultos. No hay restricción por edad: el taller convoca desde personas jóvenes hasta adultos mayores, y la diversidad de memorias enriquece el Bojagi colectivo.
Espacio de escucha
El taller incluye un momento de lectura colectiva en voz alta. Quien prefiera no leer puede compartir su palabra de otra forma. Los facilitadores cuidan que el espacio sea de apertura y no de exigencia.
El Bojagi no oculta las costuras: las celebra. Este taller tampoco pide que nadie borre sus imperfecciones — al contrario, son ellas las que hacen único cada retazo.
Cada retazo guarda
una memoria.
Juntos forman el tejido.
Puntadas de Memoria · Taller 05 · Cartografías de la Memoria